miércoles, 26 de septiembre de 2007

Cerraron sus ojos ...

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Hoy , una oda a la muerte ....tan presente entre nosotros como la vida , aunque irónicamente no queramos pensar en ella, todos vamos a probar su mortecino beso eterno ...

Aceptarlo o negarnoslo una y otra vez depende solo de cada uno de nosotros . Como no sabemos que hay despues de ella , disfrutemos de la vida como si cada dia fues el ultimo .

Y no os preocupeis de si pecais o no , que en el dia del juicio final si hemos de arder en el infierno , arderemos con dos cojones ^^





Cerraron sus ojos...



Cerraron sus ojos que aún tenía abiertos, taparon su cara con un blanco
lienzo, y unos sollozando, otros en silencio, de la triste alcoba todos se
salieron. La luz que en un vaso ardía en el suelo, al muro arrojaba la
sombra del lecho, y entre aquella sombra veíase a intervalos dibujarse
rígida la forma del cuerpo.

Despertaba el día y a su albor primero con
sus mil ruidos despertaba el pueblo. Ante aquel contraste de vida y
misterio, de luz y tinieblas, yo pensé un momento: "¡Dios mío, qué
solos se quedan los muertos!" De la casa, en hombros, lleváronla al
templo, y en una capilla dejaron el féretro. Allí rodearon sus pálidos
restos de amarillas velas y de paños negros.

Al dar de las ánimas el
toque postrero, acabó una vieja sus últimos rezos, cruzó la ancha nave,
las puertas gimieron y el santo recinto quedóse desierto. De un reloj se
oía compasado el péndulo y de algunos cirios el chisporroteo. Tan medroso
y triste, tan oscuro y yerto todo se encontraba que pensé un momento:
"¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!"

De la alta campana la
lengua de hierro le dio volteando su adiós lastimero. El luto en las ropas,
amigos y deudos cruzaron en fila, formando el cortejo. Del último asilo,
oscuro y estrecho, abrió la piqueta el nicho a un extremo; allí la
acostaron, tapiáronla luego, y con un saludo despidióse el duelo.

La
piqueta al hombro el sepulturero, cantando entre dientes, se perdió a lo
lejos. La noche se entraba, el sol se había puesto: perdido en las sombras
yo pensé un momento: "¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!" En
las largas noches del helado invierno, cuando las maderas crujir hace el
viento y azota los vidrios el fuerte aguacero, de la pobre niña a veces me
acuerdo. Allí cae la lluvia con un son eterno; allí la combate el soplo
del cierzo. Del húmedo muro tendida en el hueco, ¡acaso de frío se hielan
los huesos...!

¿Vuelve el polvo al polvo? ¿Vuela el alma al cielo?
¿Todo es, sin espíritu, podredumbre y cieno? ¡No sé; pero hay algo que
explicar no puedo, que al par nos infunde repugnancia y duelo, a dejar tan
tristes, tan solos los muertos.



G.A Béquer


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Publicado por DamnedRose @ 14:41 | Enviar